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sábado, 10 de octubre de 2009

La vida chata del corrector de textos jurídicos

Los minutos se pasan con la misma equidistancia que hay entre las líneas que surgen ante mis ojos. Una tras otra, hasta que el texto pierde sentido inevitablemente, hasta que toda la página se convierte en una sola palabra gigantesca que amenaza con desalfabetizarme. Miro. Miro. Y no puedo leer nada. Y con la vida me pasa lo mismo: ¿qué gracia tiene este devenir de tiempo si todos los días van a ser inevitablemente iguales?

Al contrario de lo que podría haber supuesto en un primer momento, la respuesta es sencilla y propia del más común de los sentidos: tengo que buscarme otro trabajo antes de que mis ganas de leer se suiciden entre las páginas de la próxima edición del Código Civil.

Mi nombre ya está harto.

5 comentarios:

Jorge dijo...

Podes seguir o retroceder, pero no podes seguir parada en este lugar. Es un desperdicio. Muy bien escrita la catarsis, pero "lo que està y no se usa nos fulminarà".

Sebastian Barrasa (El Zaiper) dijo...

Como siempre,

lográs hacer poesía y ensayo, desde las cosas más cotidianas y (aparentemente) simples.

Si me permitís meterme en el contenido del texto te digo que...
tal vez ya sea tiempo de.

Vos tenés algo que ellos no tienen: talento artístico.

Y punto.

Diego M dijo...

"tengo que buscarme otro trabajo antes de que mis ganas de leer se suiciden entre las páginas de la próxima edición del Código Civil."

Aplausos!!!! por lo escrito, pero más que nada porque el deseo se transforme en decisión.
Besote!!

Anónimo dijo...

Pero mientras tanto que no se metan con tu ganas de escribir que se arma el tole tole!
D.-

Anónimo dijo...

hay momentos en la vida en los que no podemos elegir donde o con quien trabajar,el tema es poder vislumbrar nuestro objetivo y que ese se convierta en el motor que nos mueve para conseguir lo que queremos !!!Diana.