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jueves, 12 de marzo de 2009

Che cosa vuoi?




las estrellas se agolpan bajo mis pies
decidieron andar por el piso
y reírse con mis sobrinos
jugando a la mancha
la ciudad se me abalanza en forma de oso
y me tapa un poco el sol
que tanto me quema
cambio entonces el calor porteño
por la paz de los colores
y enseguida me subo al tren
lista para descubrir que
todavía quiero cambiar el mundo
sí, todavía quiero
todo

Mi nombre ya canta Manu Chao.

jueves, 19 de febrero de 2009

Ojos de vacaciones




Dos pares de ojotas, dos mallas, dos remeras y dos gorras. El papá no pudo dejar de cargar, además, con sus lentes de sol y su reloj. Una pelota, una reposera, palita y baldecito. El protector solar seguramente lo traen puesto desde el hotel.

Caminan rápido, pero sin ansiedad, como quienes tienen el cuerpo lleno de energía. Eligen un lugar cercano al límite hasta donde el agua se arrastra. Acomodan sus cosas y se sientan. Enseguida se enfrascan en la construcción. Cavan. Buscan agua. Vacían el balde. Agua otra vez. Moldean. Al cabo de un buen rato, se miran cómplices. Y sonríen satisfechos. El castillo de arena se yergue casi terminado, coronando la tarde compartida casi perfecta. No hay cámara de fotos. Pero, no la necesitan.

Y es en ese preciso instante de felicidad padre-hijo cuando la pelota se desvía. Un zurdito habilidoso, a unos pocos metros, había concretado un remate demasiado fuerte al arco improvisado con dos ojotas. El arquero se queda sin reacción. Y la pelota, entonces, sepulta la maravillosa arquitectura del castillo bajo su peso.

El niño rompe en llanto. Uno de esos llantos que cortan la respiración del que llora y revientan los tímpanos ajenos. El papá le promete un helado. Un helado bien grande de esos que manchan la cara y la ropa. El niño deja de llorar.

Cargan con sus cosas y se van como vinieron. Casi como vinieron. Caminan rápido, pero -esta vez- con un poco de ansiedad.

Eso es la playa.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Del recuerdo que pongo por escrito hoy, para no ser olvidado y sí exorcizado

fin de año en cama
el intestino carretea
y trae el olor
de cuando sólo podía ser hoguera

fuego en el estómago
en las rodillas
cuando dormía
en la terraza
más fuego
llamas ardor

la pureza era
la ausencia de cenizas

todo lo demás prendía

ser fósforo
y nunca apagarse
ser fósforo
y no iluminar nada

el sol de Ícaro
muy lejos
y sin embargo
yo
sin alas

Mi nombre ya brinda con agua.

¡FELIZ 2009 PARA TODOS!

jueves, 27 de noviembre de 2008

Gualicho

…pero llegar y que el barrio te reciba con olor a flores te cambia cualquier día malhumorado, cualquier encuentro con la creciente amargura de la gente. Que el clima y las luces de Martín García y Patricios sean perfectos te remeda las inclemencias laborales y todo lo que le rezan a la “abanderada de los congelados”. Que la puerta de casa sea el cruce hacia las milanesas de la bienaventuranza te hace olvidar de las trabas de tiempo autoimpuestas y, entonces, tus dedos se apoderan del teclado. Que un llamado telefónico te haga saltar de la silla con urgencia infantil te recuerda que todavía se puede andar por la vida enamorado y sin vendas en los ojos. Que al final de un día tan chato puedas darle cuerpo a una bendición tan chiquita es prueba de que siempre hay una parte vos, por ínfima que sea, que tiene ganas de ver las cosas de otra manera. Y eso está muy bien.

Mi nombre ya es un conjuro.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Piquete



ya lo intenté todo:

con mimos

con órdenes

(ni hablar de los zapatazos)

con sustos

sacudir su cola

tirarle de los bigotes

(y tirar la toalla)

me dejó todos sus pelos

sobre la falda

y sus ronroneos

en los oídos

y su firme convicción de lucha

grabada en sus uñas

en mis muslos

no hubo forma de franquear su reclamo:

hoy mi noche es de la Luna

y de nadie más

Mi nombre ya está convencido.

jueves, 23 de octubre de 2008

Prendida

Mitad de la semana. Un octubre que me encuentra con alguna decepción laboral (como pasa en cualquier vida), vestida de rojo (por las dudas) y en pie de guerra (con unas cuantas municiones de ska-punk). Green day me grita desde un CD y España en su versión más contestataria me grita desde el celular. A la tarde, seguro me pega el bajón y voy necesitar que me acompañe la banda de rock más grande que transita este siglo (Radiohead, claro, ¿qué podían esperar de mí?). Más tarde, después de una obligatoria inyección de café y batería, me espera el agobiante viaje a la facultad, a la clase más cualquiera de todas las que haya tenido.

Durante todo el día, medito sobre si realmente quiero que me absorba el sistema y camuflarme en un recurso que soporta toda la presión de una maquinaria moldeadora de autómatas. O si, quizás, deba calzarme la capa de marginal que no necesita nada que provenga del capitalismo mercenario. El cambio climático del quinto piso me tiene aturdida: no encuentro respuesta más que la conciencia plena de que mi creatividad excede las rumiantes tareas que llevo a diario.

Será una buena hora, entonces, de sentarme a examinar en el fondo, bien al fondito, de mi ser qué es lo que quiero para mí, para mi vida como se presenta después de veintisiete años, nueve meses y veintitrés días desde que la partera le dijo a mi mamá: “Ya puede pujar, señora”. ¡Qué cosa rebuscada la mía!

Por suerte, a la noche, tengo visita.

Mi nombre ya está encendido.

sábado, 18 de octubre de 2008

Te lo digo así

Rosita, mi vida:

No sabía cómo comunicarte esto sin que tus ojos penetrantes se clavaran en mi culposidad crónica. Creo que ya no debemos compartir el lecho. Tu hedor no me deja dormir en paz. Sé que no hay nada que puedas hacer con eso: no hay jabón que logre perfumarte, ni pastillas que me noqueen por completo.

He decidido que es hora de que otros brazos te rodeen. Sé que podrás hacer muy feliz a alguien más, a alguien con un sentido del olfato menos agudo que el mío, alguien más joven, menos melindroso. Si con sólo pensar en el rosado tono de tu rostro, brazos y piernas, en la suavidad que conservas, en la seguridad que trasmites, reconozco los muchos años maravillosos que te quedan por delante.

Nunca olvidaré los momentos felices que vivimos, nuestros juegos, mi llanto oculto en tu panza, mi miedo dominado por aferrarte la mano… Creo que papá nunca hizo nada mejor que encontrarte para mí, para mitigar mi soledad, mis silencios. (Aunque te confieso que, a veces, también creo que lo mejor que hizo en su vida fue irse de casa para no volver más y, entonces, dejar de pegarle a mamá.) Todos mis recuerdos mejoran su color gracias a vos.

Sin embargo, mi terapeuta me ha dicho que no es bueno que una mujer al borde de los treinta años duerma abrazada a un peluche (te ruego no te ofendas por semejante generalidad). Él me remarcó que, si no me separo de vos, no me va a firmar el alta para reincorporarme al trabajo. Y tengo que volver a ese lugar. No creas que es porque los escuché hablar de mí a mis espaldas, tildándome de loca, diciendo que tenían miedo de que robara alguno de esos insulsos perros, gatos o elefantes que suelen comprar como regalo corporativo para el cumpleaños de algún retardado. No, eso ya es costumbre. Eso ni me importa. Tengo que vengarme de todos esos hijosdeputa que se burlaron de vos. De tu foto en mi escritorio. Nuestra foto. La que robaron y trucaron del modo más vil. Imágenes asquerosas de nosotras podían verse en las pantallas de todas las computadoras de la empresa. “Fetichista!”, decían.

Siempre te recordaré como lo más preciado de mi existencia.

Adiós,

Laura

Mi nombre ya está tocado.